Coworkings en ciudades pequeñas

Reproducimos el artículo publicado por Laia Benaiges, CEO de LECO, en Zona Coworking. En LECO, creamos la documentación legal de tu espacio coworking, pero también os acompañamos en la creación de espacios coworking de proximidad. ¿Que qué es un espacio de proximidad? Llamamos así a los proyectos que nacen en ciudades medianas o pequeñas, y que se asemejan a las características que define Laia en el artículo, porqué son estos modelos los que conocemos bien y los que queremos construir contigo.

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“La esencia y el objetivo de un coworking es el mismo en Barcelona, con su millón y medio de habitantes,  que en Valls, con sus 25.000 ciudadanos. Responde a una necesidad: la de ofrecer un espacio de trabajo asequible; y a una voluntad: la de crear una comunidad de sinergias posibles. Pero el contexto que lo define, la gente que lo construye y el territorio donde se ubica impiden adoptar el mismo modelo que una ciudad como Madrid o Valencia. Así que sin pretender extrapolar mis conclusiones a otras ciudades, expongo cinco reflexiones nacidas tras más de 2 años construyendo l’Espai La Magrana.

El nombre hace la cosa. En una ciudad pequeña preferimos cooperar, compartir, hacer contactos y autoocuparnos que hacer coworking, networking o vivir en la sharing economy. Nos gustan los términos conocidos y reconocidos; el lenguaje que se aproxima a las personas. ¿así que por qué no hablar de oficina compartida, cotrabajo o despacho cooperativo para crear empatía, asimilación y aproximación a un proyecto desconocido? Una proyecto que no dista tanto del cooperativismo que se instaló en el territorio a finales del S.XX y que nos puede servir para aproximar el coworking a un territorio no familiarizado con su funcionamiento y filosofía.

El fin justifica los medios. El público potencial de un espacio coworking en Barcelona conoce el concepto y busca el mejor espacio; ya sea por ubicación, por precio o por imagen. Pero lo busca. En una ciudad pequeña el coworking se encuentra (porque se desconoce) o se promociona a través de medios, términos y argumentos asimilados socialmente. ¿Por qué no vender (aunque nos duela) un alquiler de oficinas económicas a través de una inmobiliaria? ¿Por qué no hacer buzoneo masivo a las 5.000 casas? ¿Por qué no aprovechar medios tradicionales para llegar a un público que no busca (pero seguramente necesita) un espacio coworking? ¿El fin justifica los medios? Seguramente en este caso sí. Los beneficios del coworking los encontrarán una vez estén en el espacio: durante el café, en la charla de crowdfunding, en la cena de empresa o en el primer presupuesto que le pida un coworker.

La comunidad ya existe. La del bar, la de la entidad cultural, la de la escuela, la del barrio. Cada coworker potencial forma parte de distintas comunidades sociales y la comunidad profesional se construye a partir de estas. Con el arquitecto con el que estudiaste, con la prima de una coworker que es informática o con la pedagoga que participa en la misma asociación que tú. Por eso, para crear comunidad es importante formar parte y participar activamente (como ciudadano y como empresa) de otras comunidades locales.

La gente viene por la gente.  Un espacio de coworking en una ciudad pequeña construye su imagen a partir de su comunidad; y construye su comunidad a partir de su imagen. Porqué todos nos conocemos. Importa el diseño, importan los servicios, importan las tarifas; pero lo que determina la decisión de formar parte de un espacio son las personas que hay dentro y las experiencias que prescriben a su entorno. El boca a boca es el medio de comunicación más efectivo cuando las orejas son cercanas y están por todas partes.

Las sinergias son naturales. En una ciudad pequeña, las sinergias que se establecen entre coworkers son 100% orgánicas: el contacto entre profesionales es directo, diario, próximo y se establece entre un círculo reducido de personas. Entre todos construimos una pequeña familia que comparte espacio, proyectos, cafés, éxitos y fracasos día a día.

El coworking es más que un coworking. Debe ser apto para todos los públicos y capaz de crear sinergias entre perfiles dispares como una abogada y una psicóloga; o un carpintero y una agricultora. Debe ser una parte imprescindible y necesaria del territorio, como el gimnasio para los deportistas o la biblioteca para los amantes de la lectura. Debe ser el sitio de encuentro profesional de referencia de la ciudad, y por eso tiene que ofrecer servicios que vayan más allá de un espacio de trabajo.

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Un coworking en una ciudad pequeña debe ser un espacio diferente sin que se haga extraño e innovador sin ser ufano. Un proyecto próximo, necesario, sencillo, atractivo y con valor añadido para las personas, los profesionales y el territorio que lo define y lo hace único.