El coworking de la ciudad pequeña

¿Cómo son los espacios coworking ubicados en pueblos grandes o ciudades pequeñas según nuestra experiencia como consultoras?

Cuando se habla de espacios de coworking se tiende a diferenciar entre coworking rural o coworking urbano. Nos imaginamos ese coworking rural en medio de un pueblecito de casas de piedra donde los coworkers acostumbran a ser nómadas y el coworking urbano lo situamos en un enorme edificio con multitud de  plantas y coworkers de todo el mundo tomando café en las azoteas y vislumbrando un skyline de rascacielos… pero… ¿Qué hay de los coworkings de las ciudades pequeñas o dicho de otra manera, de los coworkings de los pueblos grandes?

Gracias al trabajo realizado en nuestra consultoría para espacios coworking hemos podido conocer todo tipo de espacios y por ello, creemos necesario dedicar este post al coworking situado en zonas rurales pero próximo a zonas industriales.

El perfil de este tipo de coworkings se encuentra situado en municipios que pueden oscilar entre 5.000-50.000 habitantes aproximadamente, con una zona industrial o logística considerable dentro del mismo municipio, la cual acostumbra a ser cliente o colaborador de la mayoría de los coworkers.

A continuación nos gustaría exponer algunas de las características de estos coworkings y hacerles un pequeño reconocimiento a ese gran olvidado, pero no por ello, menos importante:

1.- Muchas veces sólo existe un espacio de coworking en el municipio. No tienen competencia y en este sentido su principal objetivo es llegar a todos los ciudadanos y consolidar a sus coworkers para que permanezcan en el espacio el mayor tiempo posible.

2.- Suelen ser espacios muy amplios, soleados, con mobiliario muy confortable y con una fuerte personalidad, porque saben que su coworker es exigente y que se quedará si el espacio es una buena alternativa a alquilar una oficina o trabajar des de casa.

3.- Suelen tener una capacidad máxima de 20-25 coworkers. Una comunidad pequeña pero matona 😉

4.- Calidad premium de sus servicios. Hay una atención directa y personal diaria con los coworkers, quienes se relacionan contínuamente entre ellos y con el community builder, y quienes mejoran el espacio día a día con aportaciones mútuas.

5.- Coworkers permanentes. Suelen ser profesionales del municipio o su entorno, que disponen de una tarifa fix y trabajan diariamente en el espacio. La estancia mínima en el espacio es de seis meses, pero conocemos muchos profesionales que trabajan en él desde hace más de 3 años. Ahí la importancia de cuidar la comunidad y generar servicios con valor añadido para que, aunque no hay competencia directa, sí que hay locales a muy buen precio.

6.- La comunidad se forma por sí sola. Sólo entrar en el coworking el resto le da la bienvenida y aparecen las coincidencias y los amigos en común con “el nuevo” (porque viven en un pueblo grande o ciudad pequeña dónde todos se conocen). Cuando un coworker se va no deja de formar parte de la comunidad y quiere seguir vinculado a su família profesional (ir a los aniversarios, cenas, encuentros profesionales…). En este sentido es importante disponer de tarifas “forma parte” que mantengan el vínculo oficial con el espacio.

7.- No existen coworkings especializados. El perfil de coworkers es variado y suele repetirse en muchos espacios ubicados en poblaciones similares. Hemos detectado que los perfiles habituales que podemos encontrar son ingenieros, informáticos, publicistas, dietistas, fotógrafos, interioristas, traductores, arquitectos, abogados… con una media de edad entre 30-45 años, consolidados profesionalmente y con años de experiencia en su sector que han decido apostar por nuevos proyectos y renovarse. Ante tal diversidad de profesionales, sólo el hecho que hablen entre ellos genera sinergias instantáneas.

8.- En estos espacios no se acostumbra a utilizar anglicismos tipo networking, afterwork o incluso coworking. Palabras como encuentro profesional, merienda o oficina compartida generan más proximidad, afinidad y reconocimiento. Aunque si alguno los utiliza, al resto se le escapa una sonrisa al reconocer que en el fondo todos somos un poco “modern@s de pueblo”.

Estas reflexiones surgen de la experiencia de nuestro trabajo diario con espacios de coworking y también porque lo vivimos en primera persona como coworkers del espacio dónde trabajamos, crecemos y aprendemos: el coworking Espai La Magrana.

Maica Cabello, cofundadora de LECO, abogada y sobretodo coworker